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NAVIDAD, UN BUEN MOMENTO PARA RECONCILIARSE…

Último mes del año, un mes intenso y especial. Diciembre es un mes frío en el clima, pero muy cálido en las emociones. La Navidad lo llena de intensidad emocional, y cuando las emociones se viven intensamente, graban registros duraderos en nuestra memoria. Prueba a recordar en qué lugar celebraste la Nochebuena hace dos años, quiénes estaban y cuál fue el plato estrella. Con más o menos esfuerzo, seguro que lo recordarás. Sin embargo, si pruebas a recordar un día común más reciente, por ejemplo, qué hiciste o qué comiste hace diez días, si no fue nada excepcional, será misión imposible recordarlo. Nuestra mente y nuestras emociones están muy despiertas y receptivas en fechas tan señaladas como la Navidad.
Al tratarse de fechas en las que la familia se reúne, especialmente se sienten las ausencias de los que marcharon para siempre, y también añoramos a los que este año no pueden venir porque tuvieron que viajar lejos, por trabajo, o por otros motivos. También se hacen más visibles las rupturas: hermanos que han dejado de hablarse, primos, amigos, o aún peor, padres e hijos que han roto el contacto.
El conflicto o la ruptura entre personas es mantenida por el ego. El ego es ese “falso yo” que siempre quiere tener razón, que desea estar por encima de los demás. Entonces, si algún día tuvimos un conflicto con alguien y nos sentimos dolidos, el ego se encarga de cerrar nuestra mente para que no nos pongamos en el lugar de la otra persona, sino que nos reafirmemos en que sólo nosotros llevamos la razón, y la otra persona no merece el perdón. Si es mucho el dolor que sentimos, quizás nos instalemos en el “rencor”, entendido como resentimiento y deseo de venganza. Transformar el dolor en rencor es un mecanismo que utiliza el ego para sentirse más fuerte, más poderoso. Pero no olvidemos que el ego es ese “falso yo”, y es un “yo” muy dañino, porque se convierte en una fuerza disgregadora: el ego nos separa de los demás, y de nosotros mismos. El rencor, el odio, el resentimiento y los deseos de venganza son “cargas psíquicas” que nos restan salud: nos martirizamos deseándole lo peor al otro, y así sólo conseguimos otorgarle el poder de hacernos infelices. Dice la antigua sabiduría china: “El que odia pasa la vida cavando dos tumbas, pero al final sólo ocupa la propia”. Así es, mientras les deseamos lo peor, los demás están tan felices, sin enterarse de nada. Y mientras, el odio y resentimiento hace que nuestro organismo segregue potentes tóxicos que los científicos han relacionado con mayor probabilidad de enfermedades cardíacas y cancerígenas.
Diciembre es un mes en el que solemos hacer balance del año, de aquello logrado y de lo que nos gustaría cambiar de cara al nuevo año. En cuanto a relaciones personales, es un mes que propicia reencuentros y facilita una especial cercanía entre las personas, haciéndonos, por tanto, más predispuestos a posibles reconciliaciones.

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En ocasiones, lo que nos frena es no saber cómo dar el paso de acercamiento y el temor de ser rechazados. Y en ambos aspectos, la Navidad nos lo pone en bandeja. Si no sabemos qué decir, ya tenemos las frases célebres propias de estas fechas: basta desear paz, amor o felicidad. Si se trata de un encuentro “obligado” en la familia, un primer paso puede ser simplemente proceder con cortesía y saludar como saludamos a todos los demás. Es importante tener en cuenta que nosotros vamos concienciados y preparados, pero no sabemos si la otra persona lo estará, así que es mejor ir sin expectativas, y saber autocontrolar si recibimos un nuevo ataque. Si vamos en son de paz, no es menester de responder con contraataque, sino mejor con un silencio compasivo. Y si se da el raro caso de ser rechazados, debemos valorar nuestra valentía y humildad, y jamás entenderlo como un fracaso. Más bien compadecernos de quien quiere continuar en guerra, porque así garantiza su sufrimiento. Y elegir para nosotros la paz. Sin embargo, si ponemos el corazón en el empeño, es muy difícil recibir un ataque. Sería tan chocante como abofetear a alguien que viene con un regalo sincero. Si actuamos con humildad y amor, es fácil que recibamos humildad y amor. Ya nos dijo el maestro Gandhi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

Feliz Navidad.

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Mónica Ferrera, psicóloga.

www.monicaferrera.es

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    • monica says:

      Gracias, Adri, por tus hermosas palabras, siempre tan amables.
      Te deseo una Navidad muy Feliz, llena de entrañables encuentros.
      Un abrazo para ti y tu familia.

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  • Mónica Ferrera

  • "A través de este blog quiero compartir conocimientos y experiencias sobre la mente, el comportamiento y el sentir humano. Lejos de tecnicismos y diagnósticos psiquiátricos, me centro en la vida misma, en los condicionantes que influyen día a día en la felicidad o infelicidad de cada uno de nosotros. Para ello me baso en mi experiencia clínica en la consulta, en mi pasión por seguir formándome y aprendiendo cada año, cada día; en numerosas investigaciones que he contrastado; y cómo no, en mi experiencia personal. Mi objetivo es aportar y compartir. Mi deseo, poner en tus manos herramientas para ser más feliz."
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